Jordi Noguera: Somos una sociedad que ha fracasado en muchos sentidos

CAM00010 - copiaJordi comenzó montando en Barcelona el Centro para Niños Dos de Mayo, un comedor social para menores desfavorecidos y ha acabado al frente de un centro abierto que trata de paliar las carencias de una población infantil que viene de familias desestructuradas, a las que no llega la ayuda pública. Él y sus voluntarios lo mismo dan la merienda a los niños que les ayudan con los deberes o les prestan atención psicológica. Según su propia definición, sus niños no son lo mejor de cada casa, pero cada abrazo suyo, cada sonrisa, es una batalla ganada.

Desde el día a día de este centro, ¿como ves nuestra realidad social?

Hay un discurso oficial de que las cosas ya no están mal, pero te puedo decir que aquí hay niños de familias desahuciadas, de familias que no tienen para el comedor del cole, familias en situaciones muy críticas, y son tanto de aquí como de fuera, incluso te diría que el porcentaje está al 50 por ciento. A mí, cuando oigo las noticias, me da la risa porque no entiendo que estemos viendo brotes verdes cuando yo sigo aquí y cada día me llegan solicitudes nuevas. Me choca un poco la realidad que vivo con lo que oigo, veo que realmente hay deficiencias y cuando las deficiencias ya llegan a los niños creo que entonces es que la crisis es grave, porque se entiende que el menor está protegido por el Estado, etcétera. Si no conseguimos proteger ni a los niños, entiendo que con los adulto ya tiene que ser increíble.

¿Qué ayuda prestáis a los 35 niños que atendéis en el centro?

Las necesidades de los niños que vienen aquí son muy dispares. Básicamente empiezan a venir por una necesidad de alimentación, que es por lo que empieza todo esto, y a partir de ahí pues imagínate lo que pueden necesitar: estamos hablando de ropa, de niños a los que les hacemos directamente la mochila del cole: la libreta, los rotuladores. O sea, hablamos de necesidades muy básicas. También tenemos un servicio de logopedia, que a lo mejor no parece una necesidad tan básica, tan apremiante, pero es costoso y de otra manera no lo harían. Nos encontramos con estas dos realidades, pero en todo caso son todas necesidades muy básicas. Aquí lo que se pretende es ayudar directamente al niño, que pueda merendar, cenar y tener un mínimo de calidad de vida. Eso ya es un desahogo importante para las familias. Esa es la realidad que se vive aquí.

¿Qué te lleva a ti a entrar en este mundo y a hacerlo como voluntario?

Son varios factores que convergen. Básicamente soy un niño con una infancia diferente, por no decir difícil. Mi padre natural no se hace cargo de mí, mi madre tiene 17 años en esa época. Un día mi madre conoce a un hombre, que es mi padre, que me adopta y me ayuda. Después conozco a una de las personas más importantes de mi vida, José María, que es un chico como yo, que viene del mundo de la minusvalía. Decidimos que queremos hacer algo. Pero él fallece y a mí lo único que me queda es llevar a término ese deseo que él tenía. Este proyecto nace un poco en honor a mi padre, un poco en honor a José María, porque me doy cuenta de que a mí me ha ayudado mucha gente y creo que debo devolver parte de esa ayuda. Me lo puedo permitir, entre comillas, porque soy pensionista, he trabajado en la empresa privada, he cobrado un buen sueldo y ahora necesito poco para vivir.

¿Y cómo lo haces?

Este es un proyecto de voluntarios. Yo creo que la gente que tiene la voluntad lo tiene todo. Intento que los voluntarios se sientan tan partícipes como el que más del proyecto. Supongo que esto es lo que acaba creando un equipo, que es como nos gusta llamarnos. He tenido la suerte de encontrar gente que verdaderamente cree y apoya este proyecto. Claro que siempre necesitaríamos más financiación, porque yo tengo aquí unas listas de espera que no me las acabaré nunca.

¿Te sientes respaldado?¿Crees que somos solidarios?

Creo que sí, que la sociedad española es solidaria. La gente de a pie no te pide nada, simplemente te quiere ayudar y lo hace, tanto el voluntario que viene aquí, como el que dona algo de manera altruista, sin pedir nada a cambio. Lo que pasa es que se hace difícil. Si no tienes para ti, tampoco puedes ayudar y así llegamos a esta situación en la que cada uno aporta lo que tiene: tiempo, ganas, habilidades. Algunos me dicen: “es que yo no sé qué hacer”. Pues estate con los niños. Aquí se necesita gente que esté con los niños. Eso es lo que muchos necesitan: un ambiente tranquilo, agradable y distendido.

¿Cómo es un día normal aquí?

Un día aquí es divertido, es agitado, con momentos de enfado, con momentos muy tiernos. Es salir de aquí muy cansado y muy bien. Es salir de aquí diciendo: Bueno, pues a éste le hemos dado de comer, éste ha hecho los deberes… y te vas a casa con una sonrisa. Dicen que un día sin una sonrisa es un día perdido. Pues yo recibo ese beneficio interno cada día. Lo que tenemos aquí no es lo mejor de cada casa, pero un día vivido aquí es un buen día, un día diferente y un día divertido.

¿Tú crees que somos una sociedad fracasada?

Si te digo la verdad, muchas veces pienso que sí. Hemos fracasado en muchos sentidos. Hemos fracasado porque nos estamos peleando por obligar al niño a estudiar en vez de preocuparnos por lo que necesita, por lo que quiero yo que estudies, ahora por el catalán, ahora por el inglés y ahora en vasco, y los problemas de base no los estamos atendiendo. Con lo cual entiendo que sí, que estamos en una sociedad que ha fracasado. Mira: aquí hay 35 niños y con todos ellos la sociedad ha fracasado. Y, además, repetidamente. Yo aquí tengo niños que son usados como armas entre los padres y eso yo no lo concibo. Eso para mí es también un fracaso. Llegar a un nivel en que un niño sea un arma para ser usada contra tu mujer o al revés me entristece muchísimo. Yo tengo que pedir autorización de quién va a venir a buscar a quién, con el DNI y con la autorización de ambos, porque puedo tener problemas.

¿Como mantienes y financias el proyecto?

Hay muchos niños que solo están obteniendo como alimento la comida que les dan en la escuela porque están becados. Y dijimos: “Bueno, como mínimo tienen que tener la cena asegurada”. Ésta era la intención original. A partir de ahí, hemos ido crecido en muchas direcciones, porque las asistentas sociales nos han dicho: “Oye, esto está bien pero lo que necesitaríamos es un espacio de normalización”. Pues oye se ha incluido y ahora nos llamamos Centro Abierto, donde además de comida, ayudamos con los deberes, damos ropa, asistencia personal… Busco todo lo que pueda aportar para ellos, no tengo límites, no me pongo mínimos ni máximo. ¿Ropa aquí? Oye, dámela que entre 35 niños en la situación actual -sea para ellos, sea para sus familias-, seguro que es necesaria. ¿Y juguetes? pues también. ¿Y material escolar? pues también. Es un proyecto global y, sobre todo, es un proyecto vivo, aceptamos todas las sugerencias. Es un proyecto abierto y solo se trata de obtener todo lo posible para estos niños que están en esta situación tan difícil.

Sincronía tiene una campaña activa contra la malnutrición en nuestras escuelas. ¿Quieres conocerla? Este es el enlace directo a nuestra campaña: http://www.sincronia.org/camp/malnutricion-infantil/

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