Un fracaso social

pobreza-afecta-millones-personas-Espana_TINIMA20131010_0240_5Somos el segundo país de la Unión Europea con más pobreza infantil y tenemos cinco millones de personas en exclusión social y setecientos mil hogares sin ningún tipo de ingreso. Vivimos en un país en el que puede que muchos niños de hoy sólo hereden la pobreza de sus padres. Eso es, literalmente, lo que afirma el último y demoledor informe de Cáritas.

La crisis nos ha colocado en un nivel de pobreza similar al de Rumanía, Bulgaria o Grecia, países cuyos habitantes hace menos de un lustro venían al nuestro huyendo de la miseria. No hace falta ser catedrático de Economía para sacar conclusiones, así que allá cada uno con la suya. Pero hay una verdad insoslayable: tenemos a millones de personas condenadas a malvivir si no se toman medidas urgentes y radicales.

La pobreza no sólo ha aumentado entre los niños, sino que entre las personas mayores también ha aumentado del 7 al 10,6 %, lo que es especialmente grave si tenemos en cuenta que los jubilados han sido el colchón de supervivencia para muchos matrimonios con hijos pequeños, madres separadas e incluso personas mayores de 30 años que han tenido que regresar al hogar familiar para poder subsistir.

Desde el principio de la crisis hemos escuchado que nuestra especial estructura social, basada en el apoyo del clan familiar e incluso en la solidaridad entre parientes y amigos, era lo que estaba evitando que nuestras calles se llenasen de pobres desesperados, de personas desahuciadas sin futuro. Pues parece que esa red solidaria se está llenando de agujeros cada vez más grandes por los que se van a colar miles de ciudadanos a los que nunca podremos recuperar como personas activas.

Ha llegado el momento de que los desempleados dejen de ser una estadística, de que los niños malnutridos en los colegios no sean objeto de debate político, de que la calidad de la enseñanza deje de usarse como arma arrojadiza, de que el consenso y el diálogo sustituyan a los discursos huecos. Y para eso sólo hay un camino: señalar el abuso de poder, exigir que nuestros representantes políticos ejerzan como tales y arrimar el hombro en la reconstrucción social de un país que clarifique sus prioridades y necesidades.

Volviendo al informe de Cáritas, si acabar con la exclusión severa en España cuesta menos que el rescate de las autopistas deficitarias, tal y como afirma su coordinador Francisco Lorenzo, y permitimos que la situación se mantenga, deberemos reconocer con vergüenza que hemos fracasado como sociedad.

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La precariedad mata

Velas encendidasLa brutal noticia de la muerte de cuatro niños en un incendio de su vivienda en la localidad tarraconense de El Vendrell ha encogido el corazón de todo el país y ha provocado reacciones de solidaridad, tristeza, luto y minutos de silencio. Pero ese silencio ha sido roto por lo vecinos del barrio, Pisos Planes, donde el paro y la marginación abundan tanto como la miseria y las infraviviendas. “No somos animales, somos personas” fue el indignado grito con el que los vecinos han despedido a cuatro niños de tres, cinco, ocho y doce años. Decir que eran víctimas inocentes es una obviedad, porque todas las víctimas son inocentes.

El responsable de Interior de la Generalitat ha reconocido que “la familia arrastraba dificultades económicas”, un eufemismo que no puede ocultar la angustiosa realidad de una familia a la que hace cuatro años se le quemó su negocio, trataron de rehacerse y no lo consiguieron, fueron desalojados de su vivienda, aguantaron una temporada en una localidad próxima, para volver otra vez a su antiguo hogar. Allí sobrevivían como podían nueve personas, hacinadas en sesenta metros cuadrados y en unas condiciones penosas.

Es estéril centrar el debate ahora en las causas concretas del incendio o si la ayuda llegó en el tiempo adecuado o no, que todo indica que sí. Los accidentes son inevitables y por eso son accidentes. Lo que no son inevitables son las causas que los provocan y que, en este caso, hunden sus raíces en la marginación y la desigualdad. Somos el país de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad a causa del aumento del desempleo y la caída de la protección social y eso se paga… a veces demasiado caro.

Manuel López Poy
Sincronía, una sola Humanidad
http://www.sincronia.org/

Demasiado ruido

silenceEspaña supera los límites de ruido propuestos por la Organización Mundial de la Salud. Estamos entre diez y quince decibelios por encima de lo aconsejable, tanto de día como por la noche, y eso afecta a nuestro sistema nervioso causando un estrés y un malestar más peligrosos que el tabaquismo pasivo y la contaminación por ozono, según la Agencia Europea del Medio Ambiente.

Pero, con todo y ser extremadamente grave, el de los decibelios no es el peor de los peligros ni el exceso de acústica el peor de los ruidos,. El verdadero daño lo entraña ese ruido sordo, valga la expresión, al que estamos sometidos las 24 horas del día, el zumbido permanente de las descalificaciones entre los líderes políticos y sociales, la estridencia de las acusaciones sin pruebas, del rumor y la maledicencia.

El verdadero peligro es el estruendo de la crispación, que nos enfrenta a unos con otros por el motivo más nimio, la bronca continua, la absoluta falta de respeto. El verdadero riesgo es el de la fractura social que provocan los alaridos de los mensajes apocalípticos, el estrépito que ahoga el diálogo y el griterío que anula el sentido común.

Antes de que el medidor de ruidos sea sustituido definitivamente por el medidor de odios, quizá sea necesario callarnos, dejar que el silencio impere un tiempo, por breve que sea, en esta sociedad de bocazas en la que nos hemos convertido y aprovechar el sosiego para pensar y usar ese sentido tan poco usados como es el sentido común. Y entonces quizá podamos unirnos en un minuto de silencio en homenaje a esa víctima olvidada: la tolerancia.

Manuel López Poy, responsable de campañas,
Sincronía, una sola Humanidad
http://www.sincronia.org/

¡Abusones!

abusones_blogSi hay una figura odiada desde que eres pequeño es la del abusón. Nuestra vida está plagada de abusones de patio de colegio, de campamento de verano, de instituto, de colegio mayor o de parque de barrio. Eran el poder de la fuerza contra el sentido común. Se dedicaban a machacar a los demás simplemente porque podían hacerlo. Y los demás recibíamos o escurríamos el bulto como podíamos, simplemente porque no podíamos evitarlo. O, al menos, no podíamos evitarlo nosotros solos.

Quizá por una innata tendencia a la temeridad suicida, algunos nos convertimos en odiadores de abusones y no dejábamos una injusticia sin respuesta, aunque ésta se limitase siempre a un sordo “¡abusones!”, así con admiraciones, pero dicho como para adentro, no fuera a caernos un guantazo a nosotros.

Cuando se hacen mayores, los abusones se convierten en abusadores, una especie mucho más peligrosa. En el hogar se convierten en maltratadores de sus parejas, en la calle y en casa son pederastas, en el fútbol ultras violentos, en el trabajo jefes déspotas y compañeros expertos en mobbing y, en general, en personas que hacen la vida imposible a los demás en un desesperado intento de hacer la suya un poco más fácil.

La historia está plagada de grandes abusones, de sátrapas sanguinarios con millones de vidas en su conciencia, de dictadores de un intelecto mediocre y una mala leche impresionante, de presuntos demócratas que han expoliado a sus ciudadanos amparándose en leyes injustas. Y todos han caído por el mismo método por el que caía el abusón en el patio del colegio, el parque del barrio o el campamento de verano: cuando todos los demás decían “¡basta, hasta aquí hemos llegado!”.

¿Por qué entonces no aplicamos la misma medida en el abuso cotidiano? ¿Por qué no decimos colectivamente “basta ya” al maltrato a las mujeres? ¿Por qué no decimos todos “hasta aquí hemos llegado” en los abusos infantiles? ¿Por qué no exigimos que dejen de una vez de fabricar armas para que las usen niños? ¿Quizá porque no somos nosotros los destinatarios directos del abuso y la violencia?

Si nos mantenemos indiferentes a los abusos, si creemos que la cosa no va con nosotros o que podemos librarnos con una protesta a media voz, llegará un día en que los abusones la tomen con nosotros y no tendremos a qué o quién recurrir. El día que aprendamos a decir que no, el día que eduquemos a nuestros niños para que se rebelen contra los abusones, habremos comenzado a cambiar el mundo. Y ese día podría ser hoy. ¿Por qué esperar a mañana?

 

Salir de la caverna

DIA-MUJERLa vieja y presuntamente civilizada Europa se ha despertado a tres días de la celebración del Día Internacional de la Mujer con una bofetada a su orgullo y una sacudida a su conciencia: una de cada tres mujeres europeas sufre malos tratos. Cinco de cada cien son violadas. Casi la mitad es víctima de episodios de violencia psicológica (amenazas, humillaciones en público, insultos continuos). Y el dato que lo agrava todo: la mayoría lo oculta.

No son especulaciones, ni opiniones, ni encuestas a vuela pluma. Son los fríos y espeluznantes datos del último estudio de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE sobre los derechos de la mujer en Europa. Los encuestadores han entrevistado a 42.000 mujeres, 1.500 por cada país de la Unión Europea.

Haciendo una extrapolación matemática sumarían 62 millones de mujeres agredidas, vejadas y humilladas, cifra que a algunos les puede parecer exagerada, pero si tenemos en cuenta que el miedo y una vergüenza mal entendida hacen que muchas oculten el maltrato, a lo mejor resulta que incluso podrían ser más.

Los que tenemos una edad recordamos que, no hace tanto, frases como “Eso son cosas que deben quedar entre la pareja”, “Tienes que tener paciencia, hija, ya sabes que tiene un carácter difícil”, “Si le pega ella sabrá por qué” o el peor refrán que se haya inventado nunca: “Quién bien te quiere te hará llorar”

He dicho “los que tenemos una edad”, refiriéndome a los que superamos el medio siglo y que confiamos ingenuamente en que el machismo salvaje era una cosa que la educación democrática arrinconaría para siempre en el olvido, pero mucho me temo que no ha sido así y que las nuevas generaciones han escuchado, y pronunciado, frases muy parecidas.

A veces todo empieza con un puñetazo en la mesa porque la cena está fría, o porque los niños hacen mucho ruido, o porque la falda es muy corta, o porque “¿de dónde vienes a estas horas?”. Y eso se enquista en una pesadilla para toda la vida, con la que se convive sin que los vecinos se enteran y si se enteran hacen la vista gorda.

Es una lacra que tenemos que combatir entre todos. Sí, es necesaria la ayuda de las autoridades, la intervención de la policía, la existencia de casas de acogida… pero es imprescindible introducir en la educación de nuestros niños el valor fundamental del respeto a la igualdad de las mujeres y convertir el machismo, tanto de hombres como de mujeres, en algo vergonzoso para quien lo practique o lo defienda.

Mientras no sea así, seguiremos sumidos en la sombra de las cavernas por mucho que llevemos en el bolsillo un móvil de última generación.

Manuel López Poy, responsable de campañas,
Sincronía, una sola Humanidad
http://www.sincronia.org/

Ayuda a las mujeres supoervivientes de malos tratos.
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Abusos a menores. Ni comprensión ni silencio

ABUSO-SEXUAL-EMAILINGUna tribunal compuesto por gente sabia y versada en leyes ha absuelto a un hombre de sesenta años de un delito de abusos sexuales y ha anulado la sentencia anterior que le condenaba a cinco años de cárcel por mantener relaciones sexuales con una menor de once. Resulta que el docto tribunal ha decidido anular la sentencia porque la niña, que ahora tiene catorce años, afirma que está enamorada de su presunto, por imperativo legal, abusador.

En estos casos uno debe andarse con pies de plomo y no establecer juicios precipitados… paralelos, que les llaman algunos. Pero me permito mostrar mi escepticismo sobre la justicia de esta medida, por no decir mi indignación supina, porque resulta que este doloroso insulto a la inteligencia no lo ha perpetrado un consejo de ancianos en una remota aldea africana, ni en un rincón de la selva asiática olvidado de la mano de los dioses y la justicia. No, esto ha pasado en un tribunal de Italia, la cuna del derecho romano, a 1.800 kilómetros por carretera desde la frontera española.

Los hechos en cuestión -o sea, los abusos sexuales- se produjeron en un pueblo de Calabria llamado Catanzaro, cuando un empleado de los servicios sociales de la comunidad se hizo cargo del caso de una niña de once años, que pertenecía a una familia en riesgo de exclusión social. Pobre de solemnidad, como se decía antes. La relación entre ambos se hizo tan estrecha que los padres comenzaron a sospechar que había algo raro. Lo raro lo descubrió la policía, que pilló in fraganti al empleado manteniendo relaciones sexuales con la menor que ahora, con una evidente desnortación, trata de exculpar a su agresor.

Pensaréis que he olvidado poner los nombres o las iniciales de esta triste historia. No, no se me ha olvidado, porque creo que no tienen la más mínima importancia. Es más, quizá podamos -si nos atrevemos- ponerle nombres conocidos, porque casos de abusos sexuales tenemos aquí en casa para dar y tomar. Hay informes que hablan de que uno de cada cinco menores sufre abusos sexuales, pero que sólo se conoce el dos por ciento de los casos. La cifra es escalofriante y se agrava con el hecho de que la mayoría de estos abusos se producen en un entorno familiar o de confianza, como en el caso que hoy tratamos. Y además, en muchos de esos casos también se argumenta que los menores parece que “consienten” y “están de acuerdo”, cuando están, lisa y llanamente, aterrorizados.

Y esto no es una desgracia caída del cielo, sino una vergonzosa lacra social que podemos y debemos combatir .

Manuel López Poy, responsable de campañas

Sincronía, una sola Humanidad.

Protejamos a nuestros niños del abuso sexual
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Los niños que ganaron un Oscar

FOTO FACEBOOK Niños SoldadoLa historia de un niño hospitalizado y condenado a muerte por una enfermedad incurable ha arrebatado el Oscar a la historia de un niño condenado a vivir en una continua espiral de muerte, terror y violencia como niño soldado.

Helium ha ganado y Aquel no Era Yo también, porque más allá de las estatuillas y los galardones, los dos cortometrajes que optaban al Premio de la Academia de Hollywood nos han acercado a dos mundos, dos universos infantiles, que tenemos más cerca de lo que pensamos y que habitualmente ignoramos.

La diferencia estriba en que por los niños como Alfred. el protagonista de Helium, poco podemos hacer, más allá de lo que hace Enzo, el conserje que ilumina sus últimos días creando para él un mundo imaginario de magia y fantasía. Sin embargo, por los niños como Kaney, el protagonista de Aquel No Era Yo, podemos hacer lo mismo que hacen Paula y Juanjo, los cooperantes que pretenden rescatar a los niños soldado del sátrapa sanguinario que los convierte en víctimas de su propia locura.

Felicidades a Anders Walter por acercarnos al universo de los niños que sufren enfermdades para las que no tenemos remedio. Pero, sobre todo, gracias a Esteban Crespo y su equipo por recordarnos que en este mundo hay cientos de miles de niños y niñas que son torturados y obligados a matar y que podemos evitarlo.

Contamos con tu ayuda para lograrlo

Sincronía, una sola Humanidad

NI UN ARMA ESPAÑOLA EN MANOS DE NIÑOS SOLDADO
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