A pesar de todo, nos movemos

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Según la Agencia Española de Medicamentos, en España se venden más de 38 millones de envases de fármacos relacionados con nuestra estado de ánimo y nuestra salud mental, o sea, ansiolíticos, antidepresivos, sedantes y medicamentos hipnóticos. La crisis no ha hecho más que complicar esta situación que afecta principalmente a los sectores sociales más vapuleados: parados de larga duración, mujeres con cargas familiares, personas dependientes y ciudadanos en riesgo de exclusión social en general.

La mayoría de estos medicamentos son prescritos por médicos de atención primaria y solo el 30% de son recetados por especialistas. Esto indica que nuestra sanidad, afectada por recortes considerables tiene una primera línea de combate en la salud mental, en un país en el que hay menos de seis profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes, una cifra inferior a la media europea.

Una visión apresurada nos daría al sensación de que somos un país acosado por la depresión, enganchado a los ansiolíticos y a los antidepresivos… rendido y acabado, en definitiva. Pero nada más lejos de la realidad, si nos paramos a leer los resultados de la última Encuesta Social Europea que hace cada dos años en 29 países europeos

El sondeo revela cosas que ya sabíamos y a estas alturas causan más indignación que sorpresa e insiste en nuestro descontento con la educación, los políticos, la corrupción y la economía en general. Pero también señala que éste descontento no genera apatía, sino todo lo contrario. Una de las cosas más favorables de esta encuesta es el dato de que en los últimos cinco años la tasa de voluntariado activo en nuestro país ha subido más de cinco puntos.

Por extraño que pueda resultar escuchando algunas tertulias televisivas y radiofónicas, somos mucho más activos y participativos que los vecinos europeos. Resulta que uno de cada tres españoles ha firmado en una campaña de recogida de firmas (en el resto de Europa no llegan a uno de cada cuatro) uno de cada cinco colabora con algún tipo de organización o entidad social (siete puntos por encima de la media europea) y casi ocho de cada cien participan en algún tipo de de plataforma de acción ciudadana.

Ahí podría estar una respuesta a esas preguntas tan generalizadas en los últimos tiempo: ¿por qué no hay brotes de rebelión social? ¿cual es el límite de la paciencia del ciudadano? ¿estamos al borde de la fractura social?. Si una sociedad que con mala salud psíquica y social es capaz de organizarse y actuar para hacer que las cosas mejores, quiere decir que algo está cambiando y que queremos ser protagonistas de ese cambio. Es la prueba palpable que podemos cambiar el mundo si nos movemos con ideas, si avanzamos en la misma dirección.

Manuel López Poy. Responsable de campañas

Sincronía, una sola Humanidad 

http://www.sincronia.org/

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