Campeones del mundo en solidaridad

org nac trasplantesEl pasado martes 20 de febrero, mientras los periódicos y las teles estaban muy preocupados por los dineros del contrato de Neymar, la cuenta en Suiza del senador Granados, los chanchullos de los ERE o las inversiones de Iberdrola, España se convertía en campeona del mundo y batía un récord internacional: el de trasplantes en un solo día. Dieciséis donantes hicieron posible que cuarenta y cinco enfermos recibieran el órgano que necesitaban par seguir viviendo.

Pero lo mejor de la noticia no es que durante veinticuatro horas batiésemos un récord mundial, sino que ese marca la batimos cada uno de los 365 días días del año. La media española es de diez a doce trasplantes diarios y eso es mucho más que un dato estadístico, eso quiere decir que cada día los familiares de una persona fallecida, revisten su dolor de una generosidad admirable y donan sus órganos para ayudar a alguien a quién no conocen, ni conocerán nunca

Según la Organización Nacional de Trasplantes, esta es una tendencia al alza y cada año vamos a mejor. A parte de evidenciar la generosidad y solidaridad de nuestra sociedad, estos datos demuestran también que el sistema funciona y lo hace gracias a toda una cadena de profesionales que trabajan con una entrega y una eficacia encomiables.

El 20 de febrero se salvaron 45 vidas gracias a la colaboración de 22 hospitales, 7 aeropuertos, una base militar, decenas de ambulancias y quinientas personas, algunas de ellas (chóferes, pilotos, voluntarios, etc) no tienen nada que ver con organismo oficial alguno y quizá sea la única vez que participan en un operativo de este tipo. Son ellos quienes representan a una sociedad que, a pesar de todos los pesares, demuestra cada día que en el respeto por la vida humana y el amor hacia eso tan olvidado que llamaos el prójimo, somos líderes mundiales. A todos, felicidades, pero sobre todo, gracias. No hay nada más bello y más generoso que dar parte de uno mismo o de un ser querido para que otro ser humano pueda vivir.

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La justicia social también es cuestión de números

JUSTICIA-SOCIALEl 20 de febrero, se celebró en todo el mundo el Día de la Justicia Social. Una triste celebración si tenemos en cuenta que millones de personas ni siquiera saben qué quiere decir ese término, que 15,4 millones viven como refugiados, 900 millones no tienen acceso al agua potable y 1.200 millones sobreviven con menos de un euro al día.

En nuestra propia casa también hay cifras escalofriantes que no suelen acaparar grandes titulares: Uno de cada cinco niños es víctima de abusos sexuales y sólo conocemos el dos por ciento de los casos, según un informe del Consejo Europeo.

En España casi el 30% de los niños vive bajo el umbral de la pobreza y 2.826.549 viven en riesgo de pobreza o exclusión social, según el último informe de Save the Children.

Más de 300.000 niños y niñas son obligados a participar en conflictos bélicos en 22 países que usan niños soldado y cometen graves violaciones contra los menores, según el Secretariado General de la ONU.

Un total de 218 millones de niños trabajan actualmente en el mundo, según datos de la OIT, y cada año 1,2 millones de menores son víctimas del tráfico infantil, un negocio que mueve 23.500 millones de euros anuales.

Es un mero repaso a unas cifras que, no por conocidas, dejan de ser inquietantes… o precisamente por eso, porque se han convertido en meros números, han dejado de impresionarnos. Pero son realidades con las que no podemos acostumbrarnos a vivir y que podemos combatir también con un número, el de la suma de todas nuestras voluntades para cambiar las cosas.

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Corrupción y acción ciudadana

corrupcion1Transparencia Internacional es una ONG alemana de ámbito internacional que se dedica a estudiar la corrupción a escala mundial. En definitiva, lo que trata de establecer es quién corrompe y quién se deja corromper. Algo aparentemente simple y endemoniadamente complicado a la vez, porque TI no denuncia casos individuales de corrupción, sino que hurga en las entrañas de las distintas sociedades para intentar establecer los niveles y las causas de su corrupción, cosa que hay que reconocer que tiene mucho mérito y mucho trabajo.

Después de numerosas encuestas y análisis de trabajos de diversas instituciones públicas y privadas, establecen un Índice de la Percepción de la Corrupción. España se sitúa por debajo de Chipre y Portugal y por encima de Lituania y Eslovenia, por lo que se refiere a países europeos, y por detrás de Qatar o Botswana en el ranking mundial.

En nuestra casa, la sensación de que la corrupción es una plaga generalizada se debe en buena medida a que los medios de comunicación se dedican a airear escándalo tras escándalo, que se van acumulando en un limbo político y judicial, sin que nadie tome medida alguna al respecto. Dicho lisa y llanamente, mientras el olor a podredumbre aumenta, crece la idea de que los acusados de corrupción se van de rositas, con una multa o una dimisión como mucho y sólo en unos pocos casos.

Estamos en la cola de los países de la Unión Europea, cosa que quizá se explique por detalles tan simples como que, por ejemplo, en Polonia se han celebrado en el último año 3.000 juicios por corrupción y en España 80. No nos veíamos tan mal desde 1997, la época del caso Filesa y de los Fondos reservados, entre otros.

Lo peor de todo es que esta percepción de impunidad contrasta con la aparente resignación social, como si la corrupción fuese una plaga bíblica o una catástrofe natural inevitable. A este paso corremos el riesgo de acostumbrarnos a convivir con la corrupción, a pensar que no podemos hacer nada, que la justicia está siempre al lado de los poderosos y que el abuso de poder es ineludible. Y curiosamente, eso se está produciendo en la era de las redes sociales, de los twitters indignados, de los facebooks coléricos que claman al cielo por la honradez perdida.

Quizá ha llegado el momento de cambiar el cabreo individual por la protesta colectiva, de ir un paso más allá de la denuncia y pasar a la propuesta positiva, a la implicación social y personal en un cambio ciudadano. Nosotros estamos trabajando en ello.

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Contra el abuso infantil, sensibilización. Próximas actividades de prevención de la Fundación Vicki Bernadet.

taller vickyDesde hace más de 15 años la Fundación Vicki Bernadet trabaja en la atención, prevención y sensibilización de los abusos sexuales a menores. Uno de sus objetivos principales es el de sensibilizar a profesionales y a la población en general de la necesidad de prevenir y responder adecuadamente ante la sospecha de situaciones abusivas.

Bajo el eslogan “No se puede prevenir aquello que no conocemos” y con el apoyo de la empresa de cosmética artesanal LUSH, la Fundación ofrece varias actividades lúdicas y de sensibilización durante los próximos días, tanto en Madrid como en Barcelona.

Las actividades consistirán en la sesión de narración animada “Las cortinas de aire”, dirigida a los más pequeños para dotarlos de mecanismos para pedir ayuda y reflexionar sobre situaciones complejas y ofrecerles herramientas de autoprotección ante cualquier situación abusiva. La propuesta lúdica se complementa con una charla sobre prevención de las relaciones abusivas impartida por Vicki Bernadet y dirigida a las personas que más cerca están de los menores, sus padres, madres y/o tutores legales.

Debido a la limitación de aforo, se ruega enviar email de confirmación de asistencia a comunicacio@fbernadet.org

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A pesar de todo, nos movemos

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Según la Agencia Española de Medicamentos, en España se venden más de 38 millones de envases de fármacos relacionados con nuestra estado de ánimo y nuestra salud mental, o sea, ansiolíticos, antidepresivos, sedantes y medicamentos hipnóticos. La crisis no ha hecho más que complicar esta situación que afecta principalmente a los sectores sociales más vapuleados: parados de larga duración, mujeres con cargas familiares, personas dependientes y ciudadanos en riesgo de exclusión social en general.

La mayoría de estos medicamentos son prescritos por médicos de atención primaria y solo el 30% de son recetados por especialistas. Esto indica que nuestra sanidad, afectada por recortes considerables tiene una primera línea de combate en la salud mental, en un país en el que hay menos de seis profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes, una cifra inferior a la media europea.

Una visión apresurada nos daría al sensación de que somos un país acosado por la depresión, enganchado a los ansiolíticos y a los antidepresivos… rendido y acabado, en definitiva. Pero nada más lejos de la realidad, si nos paramos a leer los resultados de la última Encuesta Social Europea que hace cada dos años en 29 países europeos

El sondeo revela cosas que ya sabíamos y a estas alturas causan más indignación que sorpresa e insiste en nuestro descontento con la educación, los políticos, la corrupción y la economía en general. Pero también señala que éste descontento no genera apatía, sino todo lo contrario. Una de las cosas más favorables de esta encuesta es el dato de que en los últimos cinco años la tasa de voluntariado activo en nuestro país ha subido más de cinco puntos.

Por extraño que pueda resultar escuchando algunas tertulias televisivas y radiofónicas, somos mucho más activos y participativos que los vecinos europeos. Resulta que uno de cada tres españoles ha firmado en una campaña de recogida de firmas (en el resto de Europa no llegan a uno de cada cuatro) uno de cada cinco colabora con algún tipo de organización o entidad social (siete puntos por encima de la media europea) y casi ocho de cada cien participan en algún tipo de de plataforma de acción ciudadana.

Ahí podría estar una respuesta a esas preguntas tan generalizadas en los últimos tiempo: ¿por qué no hay brotes de rebelión social? ¿cual es el límite de la paciencia del ciudadano? ¿estamos al borde de la fractura social?. Si una sociedad que con mala salud psíquica y social es capaz de organizarse y actuar para hacer que las cosas mejores, quiere decir que algo está cambiando y que queremos ser protagonistas de ese cambio. Es la prueba palpable que podemos cambiar el mundo si nos movemos con ideas, si avanzamos en la misma dirección.

Manuel López Poy. Responsable de campañas

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Pacto en Educación: un clamor social

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En un país donde, según el chascarrillo popular, no nos ponemos de acuerdo ni para tomar café, plantear un gran pacto de estado como única salida real para la lamentable situación por la que atraviesa desde hace años nuestro sistema educativo, podría parecer tan deseable como utópico. Pero, a tenor de las voces que se levantan cada día para exigirlo, creemos que ese acuerdo es de todo menos quimérico. Y no hablamos de opiniones gratuitas, sino de personas que saben muy bien de lo que hablan.

El catedrático de ciencias políticas, Fernando Vallespín, afirma en una entrevista a Sincronia.org que la educación debería ser un tema que superase el debate político, que se debe alcanzar un verdadero contrato social y que “Los políticos sólo se moverán si sienten y perciben que hay un pulso por parte de la sociedad civil que les exige una acción conjunta en cuestiones como el pacto educativo”.

María Acaso, autora del libro ‘rEDUvolution’, también sostiene que el hecho de que en democracia se hayan producido siete reformas educativas “Lo único que demuestra es que no hay pacto en la educación, algo que pone encima de la mesa esta falta de iniciativa política por cambiar este sector”

Por su parte, el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, ha señalado tras conocer los últimos informes internacionales sobre el estado de nuestra educación, que los ciudadanos españoles tienen “una conciencia general de que en la educación algo falla” y de que se ha “cambiado demasiado de leyes”. Tras reconocer que, como docente, aboga por un gran acuerdo en educación, afirma que esta es la opinión generalizada entre los profesionales de la enseñanza: “No conozco compañeros docentes que no digan que hay que ir a un pacto de Estado”.

El pasado verano, en su comparecencia ante la Comisión de Educación del Congreso, el presidente del Sector Nacional de Enseñanza de CSIF, Adrián Vivas, reclamó esta mañana un pacto de Estado que permita consensuar un tronco común educativo que evite la aprobación de leyes ideológicas y el cambio de sistema con cada cambio de Gobierno. En esta línea, también criticó que “no ha habido negociación con los profesores”.

Esta demanda social no es nueva. El presidente del sector de la enseñanza del sindicato CSI-F, afirma en un artículo publicado hace más de un lustro: “que en los treinta años que llevamos de democracia, las fuerzas políticas parlamentarias no han sido capaces de llegar a acuerdos básicos sobre la educación”. También CCOO, UGT y STEs Intersindical, se han pronunciado en distintos momentos por la necesidad de negociar un gran acuerdo estatal como una salida para nuestro sistema educativo.

Sobran los ejemplos de expertos y organizaciones que abogan por un gran acuerdo para que los niños españoles dispongan de un marco educativo duradero en el tiempo y eficaz en sus resultados. Ahora es necesario que la ciudadanía asuma su cuota de responsabilidad y reclame a los políticos que comiencen a negociar cuanto antes.

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