Apostar por el diálogo

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Entre las varias acepciones que el diccionario tiene para la palabra diálogo, la más certera es la tercera, si se me permite la sopa de letras. Reza así: “Discusión o trato en busca de avenencia”. Lo bueno si breve dos veces bueno, siete palabras cargadas de contenido para un concepto en desuso, o lo que es peor, en franca decadencia.

Hemos convertido la discusión en un intercambio de escupitajos ideológicos. Hemos pervertido el trato, desnudándolo de toda negociación para rebajarlo al nivel del más cutre trapicheo. Y a la pobre avenencia la hemos empujado hasta un rincón del diccionario hasta el punto de que sería difícil encontrar un porcentaje aceptable de ciudadanos que conociese su significado literal.

El acuerdo se parece cada día más al imperio de las propias ideas sobre las de los demás y ‘tener razón’ es mucho más importante que aceptar razones y admitir argumentos. Estamos elevando el improperio a la categoría de arte y sepultando a la tolerancia en el baúl de las debilidades. Y así nos va.

Decía Antonio Machado que para dialogar bien, primero había que preguntar y luego… escuchar. Como dirían los viejos del lugar, como ha cambiado el cuento. Si nos fiamos de los ejemplos que nos ofrecen nuestros líderes de opinión y nuestros medios de comunicación, las preguntas no se hacen desde la curiosidad, sino desde el más puro espíritu inquisitorial y escuchar parece que se ha convertido en una cosa de pusilánimes, ahora lo que se lleva es apabullar al interlocutor con nuestra verborrea, cuando no con gritos desaforados. Y donde decimos interlocutor, quizá deberíamos decir rival, porque las conversaciones no son más que un perfecto monólogo de sordos.

A estas alturas apostar por el diálogo puede parecerse a predicar en el desierto…. un desierto plagado de personas sensatas, de ciudadanos que no quieren más gritos, sino más datos, más propuestas y, sobre todo, de gente que prefiere llegar aun acuerdo antes de que le receten ruedas de molino.

Y es a esa gente a la que nos dirigimos, son esos ciudadanos a los que queremos tener como compañeros de viaje, son esas personas a las que buscamos para construir un mundo mejor entre todos. Por eso, aunque sea contracorriente y quizá no esté de moda, nosotros seguimos apostando por el diálogo al estilo de la RAE, o sea, para llegar aun acuerdo.

Por eso nuestro lema es:

Sincronía, una sola Humanidad

http://www.sincronia.org/

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