SON VÍCTIMAS, NO VERDUGOS

Niños soldado 4Muchos han matado a sus vecinos, han disparado contra sus paisanos, se han ensañado brutalmente con sus enemigos. Pero son inocentes. Son más de 300.000 en todo el mundo y la mayoría tienen entre 10 y 17 años. Son los llamados “niños soldados”, una de las más vergonzosas lacras de nuestro planeta, que si de algo está sobrado es, precisamente, de lacras.

Los hemos visto en las imágenes de las guerras africanas, de los conflictos de América Latina, de la propaganda de los terroristas islamistas. Están en todas las guerras y son usados como carne de cañón, como combatientes adoctrinados, drogados y obligados a cometer todo tipo de crímenes y salvajadas. Sirven para apretar un gatillo, limpiar una zona minada o como esclavas sexuales, en el caso de la mayoría de las niñas.

Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch no se cansan de denunciar esta atrocidad que se produce en más de veinte países y zonas de conflicto. Periodistas como Gervasio Sánchez, activistas como Chema Caballero, actores como Gustavo Salmerón, directores de cine como Esteban Crespo o Kim Nguyen o escritores como Bolya Balenga insisten en sacudir nuestras consciencias.

Pero, desdichadamente, todo esto sirve de poco. Nuestros estómagos se revuelven, pero nuestros cerebros se niegan a reconocer una cruda realidad: todos somos cómplices de esta situación. Nuestros países fabrican las armas que manejan y las minas que les mutilan, nuestros magnates compran los diamantes que enriquecen a los señores de la guerra y nuestras entidades financieras alimentan la miseria que nutre la violencia.

Pero podemos hacer algo más que indignarnos. Debemos hacer algo más que lamentarnos. Para empezar, los ciudadanos españoles podemos exigir a nuestros representantes políticos que cambien la ley que controla la exportación de armas y evitar que se vendan a países que las desvíen a guerrillas, organizaciones paramilitares y mafias que utilizan a niños soldado.

Cierto que lo mejor sería no exportar armas, pero quizá sea pecar de utópicos, así que empecemos por exigir lo inmediatamente posible: ni un arma española en manos de niños soldado

Manuel L. Poy, responsable de campañas de sincronia.org

Únete y apoya esta campaña     http://www.sincronia.org/camp/ninos-soldado/

Foto de Miki Ávila, material cedido por Producciones Africanauan, del corto “Aquel no era yo”

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