Nella Larsen, una mujer criada en el desarraigo racial que se convirtió en una de las principales figuras de la cultura afroamericana

Hija de una emigrante danesa y un hombre de raza negra procedente del Caribe británico que pronto las abandonó a ambas, Nellallitea ‘Nella ‘ Larsen, originalmente bautizada como Nella Walker, vino a parar al mundo en el distrito de Levee, una de las zonas más pobres de Chicago, el el 13 de abril de 1891. Su madre se casó con un inmigrante sueco llamado Peter Larsen y la pequeña tomó el apellido de su padrastro. En 1892, la pareja tuvo una hija, Anna Elizabeth, y los cuatro se trasladaron a un vecindario mayoritariamente blanco, con lo que Nella se crio en el desarraigo de no pertenecer a ninguna de las dos culturas: ni la negra sureña, ni la blanca europea. Excluida del mundo del mundo del blues o de la iglesia negra, en el que se movían los afroamericanos procedentes del Sur rural, tampoco fue aceptada nunca en el mundo de la inmigración sueca en el que se desenvolvía el resto de su familia.

Entre 1895 a 1898, visitó Dinamarca con su madre y su hermanastra y se integró sin especiales dificultades, pero al regresar a Chicago se encontró en medio de un ambiente cada vez más hostil. Las tensiones raciales había aumentado a medida que llegaban nuevos inmigrantes, tanto afroamericanos como europeos, y Nella se vio cada vez más desplazada. Creyendo facilitarle una salida, su madre la matriculó a los 17 años en la Universidad Fisk, una institución para estudiantes negros de Nashville, Tennessee. Como mestiza fue rechazada por la mayoría de sus compañeros, descendientes directos de los antiguos esclavos, y a causa de sus reacciones rebeldes Larsen acabó siendo expulsada por violar por alguno de los estrictos códigos de vestimenta y conducta de las mujeres de la universidad.

Entre 1909 y 1912 vivió de nuevo en Sueca y a su regreso siguió tratando de encontrar un lugar propio que la librease del desarraigo racial. En 1914 se matriculó en la escuela de enfermería del Lincoln Hospital de Nueva York, donde los médicos eran varones blancos y las enfermeras y estudiantes de enfermería eran mujeres negras, y donde había una residencia de ancianos que eran mayoritariamente afroamericanos, mientras que los del hospital fundamentalmente blancos. Tras graduarse en 1915, Nella se fue al sur para trabajar en el Instituto Tuskegee, en Alabama, donde pronto se convirtió en enfermera jefe de su hospital. Allí conoció el modelo educativo de Booker T. Washington, el gran líder de la integración de los afroamericanos, pero acabó desilusionada al comprobar que lo único que buscaba era preparar a los jóvenes en profesiones útiles para que fuera aceptados por los blancos.

Regresó a Nueva York en 1916 para trabajar durante dos años como enfermera en el Lincoln Hospital. Tras obtener la segunda puntuación más alta en un examen de servicio civil, fue contratada por la Oficina de Salud Pública de la ciudad y trabajó para ellos en el Bronx durante la catastrófica pandemia de gripe de 1918 en barrios mayoritariamente blancos y con sanitarios blancos. La brutalidad de aquella experiencia la llevó a abandonar la enfermería y comenzó a trabajar con la bibliotecaria Ernestine Rose , para ayudar a preparar la primera exhibición de “arte negro” en la Biblioteca Pública de Nueva York. Apoyada por Rose, se convirtió en la primera mujer negra en graduarse de la Escuela de Bibliotecas Públicas de Nueva York. Tras trabajar en varias bibliotecas de barrios blancos, pidió en traslado a Harlem donde entró en contacto con las figuras por importantes del llamado Renacimiento de Harlem, el primer movimiento cultural protagonizado por artistas e intelectuales negros.

En 1928 publicó Quicksand, una novela en gran parte autobiográfica, que fue aclamada por la crítica, pero tuvo poco éxito financiero. Al año siguiente publica Passing, su segunda novela y otro éxito en el que hablaba de dos mujeres afroamericanas de raza mixta, amigas de la infancia que toman diferentes caminos de identificación racial: una casada con un médico negro y la otra haciéndose pasar por blanca y casándose con un blanco. En 1930 publicó Sanctuary, un relato por el que la acusaron de plagiar a la escritora británica Sheila Kaye-Smith, algo que nunca se llegó a a probar. Siguió publicando cuentos y se convirtió en la primera afroamericana en conseguir una beca Guggenheim, pero la muerte de su ex marido en 1941 la sumió en una profunda depresión y nunca volvió a publicar. Larsen murió en su apartamento de Brooklyn en 1964, a los 72 años de edad.

Sincronía, una sola Humanidad

El horror estaba al otro lado del tabique

“Llegamos a poner corcho en la pared para no escuchar los ruidos” declararon unos vecinos cuando se enteraron de la noticia. Después de dos años pidiendo auxilio y recibiendo palizas, por fin la policía liberó el pasado miércoles a una mujer de 23 años a la que su marido mantenía encerrada en un piso de 35 metros cuadrados, sometiéndola a una tortura diaria a la que la mayoría de su entorno hizo oídos sordos. Sin mostrar una excesiva perturbación, los vecinos declararon que era una «pareja conflictiva» y que a ella a penas la conocían «porque no salía nunca de casa». A él lo calificaron como un individuo «parco en palabras que no se relacionaba con nadie» que se pasaba el día trabajando.

También hubo algunos que comentaron que nunca había escuchado ningún grito ni ningún golpe de los que marido propinaba a la mujer, que al ser rescatada presentaba golpes y heridas por todo el cuerpo, algunas de ellas efectuadas con cuchillos. Por el momento se ignora como la mujer logró ponerse finalmente en contacto con el amigo de Alicante que se encargó de avisar a la policía, pero no podemos evitar sorprendernos del silencio que envolvió este maltrato continuado. No se trata de cargar las tintas sobre la actitud del vecindario, pero cuesta entender este tipo de aislamiento en el que vivimos hacinados, pero es evidente que nos estamos instalando en una filosofía del individualismo que nos aboca inevitablemente al fracaso como sociedad libre y de derechos.

A esos oídos sordos es a lo que algunos apelan cuando califican la violencia machista como «violencia intrafamiliar», como si fuese un asunto interno en el que los demás no debemos inmiscuirnos, en el que la sociedad debe limitarse a poner la tirita sobre corte físico o el hematoma psicológico, evitando políticas sociales que prevengan los malos tratos y ponga la venda antes de la herida. En esta lacra del maltrato, como en tantas otras, la responsabilidad es colectiva y todos estamos involucrados en en ella por acción u omisión. Puede que parezca que el «sálvese quien pueda» es un opción legítima, pero es seguro que es la peor y a veces, demasiadas veces, el silencio nos hace cómplices.

Sincronía, una sola Humanidad

Ilustres olvidadas: Anna Sewell, la escritora que pisó una escuela por primera vez a los 12 años y fue pionera contra el maltrato animal

El de Anna Sewell es un caso de superación personal y amor por la cultura y los animales. Nació el 30 de marzo de 1820 en la localidad inglesa de Great Yarmouth, Norfolk, en el seno de una familia de religión cuáquera y extremadamente devota. Su madre, Mary Wright Sewell, era una reconocida autora de libros religiosos infantiles, pero la literatura nunca ha sido una fuente de grandes fortunas (salvo casos excepcionales) y tanto la pequeña Anna como su hermano Phillip con pudieron ir al colegio en sus primeros años debido a la penuria económica en la que vivía su familia. La primera vez que la niña piso una escuela tenía 12 años y la mala fortuna la persiguió durante la adolescencia al tener un accidente que causó una grave cojera de por vida.

Desde muy temprana edad comenzó a colaborar en las actividades caritativas y humanitarias que realizaba su familia, relacionadas especialmente con el alcoholismo y la abolición de la esclavitud. En 1845, a los 25 años, su salud comenzó a deteriorarse progresivamente y empezó a viajar por Europa en busca de una curación, mientras empezaba a escribir textos de carácter religioso. En 1866 murió su cuñada y ella se instaló con la familia de su hermano para ayudarle a cuidar de sus siete hijos. Tras varios años de estrecheces, en 1871, mientras su mala salud la obligaba a guardar cama, comenzó a escribir su obra más famosa, Black Beauty (Azabache), la historia de la vida de un caballo que sufrió todo tipo de maltratos y que cautivó al público cuando finalmente fue publicada en 1877.

La humanización del animal y el sentimiento que desprendía la novela lograron crear por primera vez una corriente de simpatía por los caballos y contribuyó a disminuir la crueldad con la que se trataba a estos animales en aquella época. Cinco meses después de la publicación de Azabache, la salud de Anna Sewell se deterioró gravemente a cusa de una hepatitis que le provocaba dolores que le impedían realizar cualquier actividad y que la dejó postrada en la cama hasta el final de sus días. Murió el 25 de abril de 1878. El hogar de su infancia en Yarmouth es ahora un museo y por todo Inglaterra hay monumentos dedicados a recordar su figura.

Sincronía, una sola Humanidad

De las rebajas educativas al neoanalfabetismo

Los museos más importantes de Europa han empezado a eliminar los números romanos porque muchos visitantes ya no los entienden. El Museo Carnavalet de París, dedicado a la historia francesa, ha decidido sustituirlos por los números arábigos, el Louvre sólo los conserva para los reyes, no para las fechas (básicamente los siglos) y otros museos de Francia, Italia y Alemania estudian medidas similares, con la consiguiente polémica entre el público y los profesionales de la cultura. Podría parecer una cuestión anecdótica, pero no lo es, ya que revela una tendencia a la simplificación cultural que a muchos les parece alarmante, ya que lejos de facilitar el acceso de los ciudadanos al arte y la cultura, puede acabar convirtiéndose en una herramienta de desmotivación que haga que la gente no se esfuerce en aprender y vayamos perdiendo niveles de conocimiento general.

El problema estriba en que si el nivel educativo general va a la baja y como respuesta simplificamos las exigencias para permitir el acceso masivo a los niveles más elevados del conocimiento, lo que estamos fomentando es una vulgarización de la cultura. En España tenemos un ejemplo próximo en el debate sobre las medidas de la Real Academia Española de la Lengua en torno a las normas de acentuación. Ante los problemas de un número cada vez mayor de estudiantes para aprender cuando se debe escribir solo o sólo, este o éste, por ejemplo, se ha decidido tirar por el camino de en medio y eliminar los acentos en las palabras dudosas y complicadas. Puede que a a partir de ahora se rebaje el número de faltas de ortografía, pero el precio a pagar es la disminución de los conocimientos gramaticales de los escolares y la población en general

En la misma línea parece ir también algunas “rebajas” planteadas en los nuevos planes educativos, con la eliminación de las temáticas complicadas o incluso de la repetición de curso. Es cierto que la vieja educación memorística está obsoleta y que la evaluación debe superar el anticuado rasero de los exámenes a la vieja usanza y sustituirlos por trabajos y pruebas que faciliten el conocimiento de la evolución del alumno, pero eso no debe implicar la manga ancha ni el todo vale para superar la educación elemental, creando un nuevo tipo de analfabetismo. El mejor resumen de este peligro es el que ha realizado el el escritor y periodista italiano Massimo Gramellini: «Primero no se enseñan las cosas y después se eliminan para no hacer que los que no las conocen se sientan incómodos. Una educación plana no es un objetivo, sino una desgracia».

Sincronía, una sola Humanidad

“Ojos verdes”, un cuento para prevenir el abuso a menores en entornos de proximidad

Este cuento de Luisa Fernanda Yágüez y Sara Arteaga, apoyados en el trabajo gráfico de la ilustradora Lucía Lupiañez Alpuente, quiere ofrecer a los padres una herramienta útil y entretenida para iniciar el diálogo con los niños respecto al abuso sexual infantil. El cuento, editado por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, enfatiza en la importancia de que los padres conozcan los signos de abuso sexual en sus hijos, sobre todo aquellas señales que pueden revelar que la agresión proviene de una persona cercana al niño, que es lo que suele suceder en casi siete de cada diez casos y que son precisamente los más difíciles de detectar.

Está dirigido a niñas y niños de 6 a 12 años y la premisa es enseñarles las habilidades, conceptos y valores necesarios para poder enfrentarse a situaciones de riesgo, saber pedir ayuda a los adultos responsables de su protección y poder crecer con una idea sana de las relaciones y de la sexualidad. Narra la historia de Alex, el protagonista del cuento, que va a buscar su pelota al jardín de su vecino, Max, el entrenador de básquetbol de la escuela quien le sugiere enseñarle las técnicas para cuidar un jardín, siempre y cuando, lo mantenga en secreto. Un secreto que terminará sellando otras facetas de esta relación, en la que Alex termina convirtiéndose en una víctima del abuso sexual.

Está editado por la Confederación Española De Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) con el apoyo del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Sincronía, una sola Humanidad

Ilustres olvidadas: Isabelle Eberhardt, la aventurera que se convirtió al islam y se hizo pasar por hombre para explorar el norte de África

Isabelle Eberhardt vino a parar al mundo el 17 de febrero de 1877, en Ginebra, Suiza, y desde el primer momento su vida estuvo marcada por la singularidad. Su madre Nathalie Moerder, apellidada de soltera Eberhardt, viuda del senador ruso Pavel Karlovitch, y su padre era su amante, Alexandre Trophimowsky, un ex sacerdote anarquista originario de Armenia que ejercía las labores de tutor de la niña, aunque la leyenda atribuye su paternidad al poeta Arthur Rimbaud. Registrada como hija ilegítima, Isabelle recibió una esmerada educación junto a sus cuatro hermanastros. Desde muy joven hablaba cuatro idiomas: francés, ruso, alemán e italiano. Estudió latín y griego además de árabe clásico gracias a su padre que la animó a leer el Corán, algo decisivo para su futuro.

Desde el primer momento hizo gala de un espíritu independiente y unas enormes ansias de libertad que la llevaron a disfrazarse de hombre para moverse a sus anchas en terrenos habitualmente vedados a las mujeres. En 1888 su hermanastro Augustín se fue a Argelia alistado en la Legión Extranjera Francesa, lo que despertó el interés de la muchacha por la zona, a donde viajó por primera vez con su madre a la edad de 20 años. El viaje se convirtió en una azarosa aventura al morir su madre cerca de la frontera con Túnez y verse obligada Isabelle a regresar a Suiza para cuidar de su padre, que fallece finalmente en 1899. Poco después se suicida su hermanastro Vladimir y la joven decide romper todos los lazos con su familia y regresar al norte de África para conocer a los habitantes del desierto y sumergirse en su cultura.

Se viste de hombre y se convierte al islam haciéndose llamar Si Mahmoud Essadi para entrar en contacto con la Qadiriyya, una orden sufí cuyos seguidores estaban dedicados a ayudar a los pobres y necesitados, mientras luchaban contra la opresión y las injusticias del régimen colonial francés. A principios de 1901, fue atacada en Behima, uno de los accesos al desierto de Sahara, por un hombre con un sable que la dejó gravemente herida en un brazo. Más tarde perdonó al hombre y le salvó de ser ejecutado. Todas estas aventuras fueron relatadas en la prensa francesa por la propia Isabella, que uso a lo largo de su vida los pseudónimos de Mahmoud Saadi y Nicolas Podolinsky, publicando libros como Nouvelles Algériennes, (Historias argelinas), Dans l’Ombre Chaude de l’Islam (En la cálida sombra del Islam), y Les journaliers (Los jornaleros), editados todos postumamente.

En 1901 e casó con Slimane Ehnni, un soldado argelino, pero no abandonó sus aventuras, como su trabajo como reportera de guerra en el sur de Orán en 1903. En 1904, Eberhardt murió en una inundación en Aïn Séfra, Argelia, a donde había ido para reunirse con su marido después de una larga separación. La casa que alquilaron para esa ocasión se derrumbó sobre la pareja durante una inundación. Fue enterrada de acuerdo a los ritos del Islam. Su marido sobrevivió y murió en 1907. Su vida ha sido rescatada recientemente y llevada al cine en 1991, además de ser objeto de una ópera en 2012 y una obra de teatro en 2015.

Sincronía, una sola Humanidad

Día Internacional de la Fraternidad, una sangrante ironía en un mundo cada vez más desigual

El odio es la peor lacra que arrastra la humanidad desde tiempo inmemorial. Por razones religiosas, ideológicas, raciales, sexuales o económicas el ser humano arrastra desde tiempo inmemorial aquella losa que aplasta su desarrollo y que el filósofo Thomas Hobbes convirtió en en siglo XVIII en su famosa máxima “El hombre es un lobo para el hombre”. Cualquier avance significativo en la evolución de la especie humana se ha producido invariablemente a partir de la derrota del odio y el triunfo de la fraternidad en cualquiera de sus aspectos y acepciones: solidaridad, colaboración, compañerismo, fraternidad, empatía, etc… y cuanto más amplías y generosas, mejor.

En un planeta en el que más de 800 millones de personas pasan hambre todos los días, mientras el 1% de la población más rica tiene el doble de ingresos que el 50% más pobre, en el que 3 de cada 1.000 personas en el mundo siguen siendo esclavas en pleno siglo XXI, en el que uno de cada doce niños y niñas es explotado laboralmente, casi tres de cada cuatro mujeres y niñas son vendidas para su explotación sexual o 260 millones de niños no pueden asistir a la escuela, parece evidente que la fraternidad sigue siendo muy escasa.

Por eso hoy, 4 de febrero, la fecha elegida por la ONU para celebrar el Día Internacional de la Fraternidad Humana, sigue siendo una jornada en la que hay muy poco que festejar y sí mucho que reivindicar y, sobre todo, trabajar en el día día, desde nuestro entorno más próximo a las instituciones globales. Hoy, más que nunca: NO AL ODIO.

Sincronía, una sola Humanidad

Concepción Arenal, pionera española en la lucha por los derechos humanos y precursora del feminismo

Concepción Arenal Ponte vino a parar al mundo el 31 de enero de 1820 en la ciudad gallega de Ferrol, en el seno de una familia de sangre noble e ideas ilustradas. Su padre fue un militar represaliado y encarcelado a menudo por sus ideas liberales bajo el régimen despótico de Fernando VII. A causa del régimen penitenciario acabó falleciendo cuando Concepción tenía solo nueve años y la niña, junto a su madre y sus dos hermanas, se fue a vivir a Cantabria con su abuela, quién se empeñó e inculcarle una férrea formación religiosa, hasta que su madre decidió instalarse en Madrid e ingresarla en un colegio para señoritas. A los 21 años ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, pero tuvo que hacerlo disfrazada de hombre hasta que se descubrió su verdadera identidad y el rector la sometió a un examen especial que superó con creces.

Tras esa prueba fue autorizada a asistir a las clases, pero no a las regulares, sino de una forma segregada: cada día era recogida en la entrada del claustro por un bedel que la trasladaba a un cuarto donde estaba sola hasta que el profesor de la materia que iba a impartirse la recogía para ir a la clase, donde se sentaba aparte de sus compañeros masculinos. A pesar de tan infame método, logró completar sus estudios y siguió con su desafio social, volviendo a disfrazarse de hombre para participar en las tertulias literarias y políticas de la época. En 1848 se casó con el abogado y escritor Fernando García Carrasco, que murió nueve años después, dejando a Concepción viuda y con dos hijos. Se traslada de nuevo a Cantabria donde, gracias a la influencia del músico Jesús de Monasterio, comienza a interesarse en las actividades humanitarias y acaba fundando el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl en la localidad de Potes.

En 1861 escribe su obra La beneficencia, la filantropía y la caridad, con la que se presenta al concurso convocado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, usando el nombre de su hijo Fernando, hasta que de nuevo es desenmascarada y, tras mucho batallar, consigue convertirse en la primera mujer premiada por la Academia. Poco después publica el Manual del visitador del pobre, obra que fue traducida al polaco, al inglés, al italiano, al francés y al alemán, y que llamaría la atención del director general de Establecimientos penales, Antonio de Mena y Zorrilla, y del ministro de Gracia y Justicia, Rodríguez Vaamonte, con cuyo apoyo es nombrada como la primera mujer inspectora de las cárceles de mujeres en 1864. Siguió publicando libros como Cartas a los delincuentes (1865), El reo, el pueblo y el verdugo o La ejecución de la pena de muerte (ambas en 1867), que la convierten en una destacada figura en la defensa de los presos y los desfavorecidos. En 1872 fundó la Constructora Benéfica, una sociedad dedicada a la construcción de casas baratas para obreros. También colaboró activamente en la organización en España de la Cruz Roja.

En 1869 publica su primera obra sobre los derechos de la mujer, La mujer del porvenir, en la que critica duramente las teorías que defendían la inferioridad de las mujeres basada en razones biológicas. Aunque en principio no era es partidaria de la participación de las mujeres en política por el riesgo de sufrir algún tipo de represalia y dejar abandonados el hogar y la familia, acabará afirmando que “Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie”. En 1891 en el ensayo sobre El trabajo de las mujeres denuncia la escasa preparación industrial de la mujer y su desigualdad salarial. En 1895 publica su trabajo Estado actual de la mujer en España, en el que analiza la situación de las españolas en el terreno laboral, religioso, educativo, de opinión pública y moral, denunciando su marginación a causa “del egoísmo masculino”.

Falleció el 4 de febrero de 1893 en Vigo, donde fue enterrada bajo una lápida que reza “A la virtud, a una vida, a la ciencia”. Hoy es recordada no sólo como una defensora de los derechos femeninos, sino como una de las primeras reformadoras del sistema penitenciario, con conceptos tan claros como su famosa frase: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Sincronía , una sola Humanidad

La nueva ley de Educación entra en vigor certificando el desencuentro absoluto entre los partidos políticos y sin esperanzas de renovación del sistema

La LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE, o Ley Orgánica de Educación) entró en vigor el pasado día 19 de enero, en medio de una polémica y un enfrentamiento político y social que le auguran la misma vida que a las siete que la precedieron desde la restauración de la democracia en nuestro país: durará lo que dure el gobierno que la ha puesto en marcha. El propio título de la ley indica que nace para reformar una anterior (la LOE, puesta en marcha por el anterior gobierno socialista en 2006) y, a pesar de que su subtítulo sea “Una educación para el siglo XXI”, parece bastante lejos de poder sentar las bases de la imprescindible y urgente renovación de nuestro caduco sistema educativo para adaptarlo a las necesidades de la sociedad de la información surgida de la revolución digital.

Que haya sido bautizada, al igual que las precedentes, con el nombre del responsable del ministerio, en este caso la ministra Isabel Celaá, es el primer indicador de que nada ha cambiado: ha sido redactada por la (en este caso las) formación política en el gobierno sin lograr consenso ni con los partidos políticos con representación parlamentaria, ni las organizaciones sociales y profesionales que deberían estar implicadas en un diálogo previo que permita sentar las bases de un sistema educativo duradero y enfocado a solventar los graves problemas educativos del país. Una vez más, la reforma educativa responde a criterios políticos y electoralistas, supone un retroceso en las posibilidades de diálogo, profundiza en la simplificación y banalización de la enseñanza y lleva a las aulas una crispación que recuerda en muchos aspectos, el viejo concepto de lucha de clases.

De nuevo, las polémicas sobre aspectos puntuales han opacado las verdaderas cuestiones de fondo. La religión, la pelea por el negocio educativo concretada en la enseñanza concertada, el tira y afloja en torno al concepto “vehicular” del idioma y el concepto de la “excepcionalidad” de la repetición de curso, han relegado a un segundo plano los verdaderos debates para convertir un sistema de conocimiento memorístico heredado del siglo XIX, en un sistema de desarrollo del aprendizaje destinado a solventar retos y problemas desconocidos y en constante evolución, que es lo que demanda la sociedad del siglo XXI.

Como ya sucedió con la norma anterior, la LOMCE o Ley Wert, las comunidades autónomas donde gobierna la oposición, ya han mostrado su intención de usar todos los mecanismos posibles para sortear la puesta en marcha eficaz de esta ley, o al menos de los capítulos en los que discrepan abiertamente. Eso, unido a la falta de recursos, la catastrófica situación de nuestros centros educativos, con un profesorado sobrepasado por la pandemia del COVID, convierte esta nueva ley educativa en un cadáver político condenado al fracaso. El octavo en 41 años.

Sincronía, una sola Humanidad. Por un Pacto de Estado en Educación

La violencia contra las mujeres lastra nuestra democracia y nuestro futuro

Una de cada tres mujeres en el mundo han sufrido violencia física, psíquica y/o sexual. Cada día, 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. Se calcula que, de las 87.000 mujeres asesinadas intencionadamente en 2017 en todo el mundo, más de la mitad (50.000) murieron a manos de sus familiares o parejas íntimas. Las mujeres adultas representan cerca de la mitad (el 49 por ciento) de las víctimas de la trata de seres humanos detectadas a nivel mundial. En 2019, una de cada cinco mujeres de 20 a 24 años se había visto obligada a casarse antes de cumplir los 18. Al menos 200 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina en los 31 países en los que se concentra esta práctica.

Hoy, 25 de noviembre, se celebra Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación. La convocatoria fue realizada por primera vez en 1981 por el movimiento feminista latinoamericano, para conmemorar la fecha en la que fueron asesinadas, en 1960, las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), en República Dominicana, brutalmente masacradas por los sicarios del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

A pesar de que al menos 155 países han aprobado leyes sobre la violencia doméstica y machista, y 140 cuentan con legislación sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo, las cifras anteriormente expuesta revelan que la violencia contra las mujeres se ha convertido en un problema estructural y una cuestión que afecta a todas las sociedades del mundo y que lastra el el desarrollo y la evolución de la Humanidad. Hoy, como todos los días, decimos no al abuso y la violencia.

Sincronía, una sola Humanidad